martes, 24 de marzo de 2026

MOVISTAR MADRID MEDIA MARATÓN 2026: DESEANDO REPETIR

El domingo 22 de mayo volví a correr la Movistar. La esperaba con ganas de batir mi propia marca personal de 2:02:22 en Fuencarral 2023. Incluso, como se suele decir, me vine arriba y entrené con la idea de bajar de las 2 horas. Así se lo hice saber a Gemini, la IA que utilizo, entre otras cosas, para diseñar mis planes de entrenamiento y me puse manos, o, mejor dicho, pies, a la obra.

Había conseguido terminar la Media de Fuencarral-El Pardo, como os conté en el anterior post, en 2:08:07, tras haber superado múltiples dificultades, así que había que ponerse las pilas con este nuevo desafío, y fui cumpliendo con mis entrenamientos con bastante motivación y, sobre todo, disciplina. El domingo anterior había hecho mi tirada larga favorita, desde mi casa al Retiro, dar una vuelta al Paseo de Coches, y volver, después de haber realizado mis series de 500 y 1.000 metros, rodajes regenerativos y entrenamientos de fuerza. Todo había funcionado dentro de lo razonable.

El bueno de Gemini me había recomendado que utilizara dos geles deportivos en vez de uno, para así llegar al último tramo de la carrera con mejor nutrición y esquivar los efectos de esa fatiga extrema a la que siempre me refiero como "esa sensación de vacío". Como el gel del que disponía era con cafeína, decidí hacerme con uno de Mercadona que no la lleva, porque tomarme dos geles "cafeinados" sería demasiado para mi sistema nervioso y, quien sabe, si también para el digestivo.

Así que el viernes me fui a recoger mi dorsal a la feria del corredor, en la que había múltiples establecimientos de distintas marcas que vendían sus productos. Aproveché para comprar un par de calcetines Joma que me parecieron bastante aceptables y a un precio inmejorable. También pude adquirir un gel Vitaldin sin cafeína, que es la marca que uso, pero me dije "bah, aquí tienes que comprar cajas de 20 unidades y en Mercadona venden un pack de 3 a buen precio", y deseché la idea. De modo que me fui con mi dorsal con la intención de pasar por el Mercadona de mi barrio antes de llegar a casa. Pero, para mi frustración, me encontré con que los de Fernando Roig han dejado de comercializarlo.

¿Y qué hago ahora?, pensé. Entonces me acordé de una barrita tipo gominola de pasta de frutas que me había quedado en la nevera y que, por supuesto, ya había probado antes. De modo que, tras consultar a la IA, era una solución más que aceptable, con lo que la estrategia de nutrición en carrera sería tomarla en el avituallamiento del kilómetro 10 junto con la cápsula de sal para, en el 15, tomar el gel con cafeína. Por tanto, tenía ante mí una variación respecto a lo que había hecho hasta entonces durante la prueba y, por tanto, cierta incertidumbre.

Aprecié la camiseta técnica de Joma conmemorativa de la carrera. Esta vez no era solo bonita, sino que me pareció de un tacto excelente, con una suavidad y transpirabilidad como no tenía ninguna otra de mis camisetas técnicas. Tras dudarlo, decidí que la estrenaría el mismo día de la carrera, algo que nunca antes había hecho para evitar posibles rozaduras.

Observé también los calcetines que había comprado en la feria del corredor. Igual que la camiseta, me parecieron fantásticos, más confortables que cualquiera de mis pares ya usados. Por lo que decidí estrenarlos también en la Movistar del domingo.

Hay que decir que todo runner sabe que hay una regla de oro en las carreras de larga distancia: no improvisar. Esto es, no hacer experimentos con nada. Ni con las zapatillas, ni con la ropa, ni con el desayuno, pues cualquier detalle que no esté bajo control puede arruinarte la prueba. Pues esa regla el domingo iba a romperla tres veces: barrita de pasta de frutas en vez de gel, calcetines y camiseta a estrenar... En fin, ya sabemos que las reglas están hechas para, en contadísimas ocasiones, romperlas.

¡Por fin llegó el domingo! En mis carreras suelo llegar con mucha antelación, pero en esta no sé muy bien qué sucedió, que salí algo tarde de casa y llegué con el tiempo más que justo para dejar la mochila en el ropero, visitar el baño químico y calentar apresuradamente antes de situarme en el cajón. Por fortuna, la carrera programada para las 9:00 no comenzó hasta las 9:20 o así, y, como salíamos por oleadas y yo iba en el último cajón, el de los que preveían tardar más de 2 horas, pues empezaría a correr alrededor de las 9:30 o 9:40.

La salida fue espectacular. Con confeti azul celeste y unas columnas de humo blanco que daban una sensación de evento importante que te ponía las pilas. Con Highway to hell, de AC/DC, sonando a todo trapo, qué más se podía pedir para disparar nuestra adrenalina. ¡A por ello!

Salí muy concienciado, con la estrategia en la cabeza. Para hacer un tiempo por debajo de las 2 horas, la idea era hacer los primeros 10 kilómetros a un ritmo de 5:45 minutos el kilómetro, dado que los primeros 5 son de subida por el Paseo de la Castellana hasta Plaza de Castilla. Del 11 al 15, a 5:40. Del 16 al 18 a 5:35, aprovechando la bajada, y del 18 al 21... a lo que el cuerpo diera.

Pero como pasa en todas las carreras, la estrategia se va al garete en el kilómetro 1: lo tienes en la cabeza, lo intentas llevar a cabo... y luego cualquier parecido con lo planeado es mera coincidencia. Como estaba muy mentalizado de no cebarme al principio, el primer kilómetro se me fue a 5:51; en el segundo quise recuperar y salió a 5:25 ¡cuesta arriba!, por tanto, demasiado rápido, y el tercero, el cuarto y el quinto, por encima de 5:50. Pero con ello ya nos habíamos fundido la subida de la Castellana.

Tengo que decir que reducir una prueba tan bonita a meros números sería una traición a la esencia misma del deporte. Esos 5 primeros kilómetros de ascenso fueron maravillosos. Con una animación de 10 a ambos lados de la avenida. Banderas de multitud de países, aplausos, globos, música... ¡Era increíble! Parecía que nos llevaban en volandas.

Tras la vuelta a la Plaza de Castilla, primer avituallamiento. Tocaba hidratarme solo con agua. A partir de ahí, descenso por Bravo Murillo y oportunidad de aumentar el ritmo para recuperar el tiempo perdido. Ahí registré tiempos de 5:32, 5:27 y 5:22. Mi cuerpo respondía bien y había que aprovecharlo. En ese tramo escuchaba una música de sintetizador por delante de mí, muy rítmica, que me aligeraba la carrera. Cuando llegué, vi algo asombroso, al menos para mí: un animador corría portando a la espalda una gigantesca mochila que en realidad era el bafle que emitía la música. En ese momento sonaba una versión tecno de "Será porque te amo" y los corredores de alrededor empezaron a corearla y a oscilar los brazos en alto como bailando al son. Os doy mi palabra de que eso fue un chute de energía y buen humor que me hizo volar por unos instantes.

Doblamos por Raimundo Fernández Villaverde y, a pesar de que la calle resultaba un poco estrecha para tanta gente corriendo, mis ritmos fueron de 5:22, 5:40 y 5:28. ¡Pues no va nada mal la cosa!, pensé. Nos acercábamos al avituallamiento del kilómetro 10 en Joaquín Costa y era el momento de ingerir la pasta de frutas. Fui comiéndomela hasta llegar al puesto para recoger la botella de agua y ahí tomé la cápsula de sal para evitar la deshidratación y los calambres inoportunos. Más animación, música y charangas.

En Joaquín Costa y Doctor Esquerdo se empezó a sentir el cansancio al pasar por los túneles cortos, que tienen una bajada para entrar y una subida para salir. Pero también hay que decir que se agradecía una barbaridad la gente que había animando desde la pasarela de encima de los túneles.

En O'Donnel, en el kilómetro 13 toqué uno de mis tiempos más elevados con 5:51. El momento de tomar el gel con cafeína se acercaba y la fatiga se hacía sentir. El avituallamiento llegó en el kilómetro 14, con El Retiro a nuestra izquierda, y pronto llegamos a la Puerta de Alcalá, para hacer el giro para tomar Serrano. Llegamos al punto más duro de la carrera.

La subida de Serrano no es que sea excesivamente dura, pero tras 15 kilómetros de correr sobre el asfalto de Madrid se hace notar y, de hecho, era el momento en el que muchos corredores se pusieron a caminar. Como en otras ocasiones, me dije "este es el momento en el que muchos caminan, pero tú no has venido aquí a caminar, sino a correr, así que continúa". Los kilómetros 15 y 16 hice tiempos de 5:57 y 5:56. Ahí me di cuenta de que el objetivo sub 2:00 se me iba a quedar un poco grande.

Pero eso no disminuyó el disfrute de la experiencia que estaba viviendo. Era maravilloso ver una calle ancha como esa copada por gente corriendo por el centro y animando desde las aceras. Luego en Paseo de Eduardo Dato, Almagro y Sagasta alternábamos llaneo con subidas suaves. Así hasta llegar a San Bernardo, que empezamos a bajar otra vez.

En San Bernardo, desde la izquierda, un puesto de bomberos nos ponía música y nos animaba. Nunca había visto Madrid tan volcada con una carrera popular.

Llegamos a la Gran Vía y tocaba subir de nuevo. El último avituallamiento en el kilómetro 18 me permitió beber unos sorbos de agua y refrescarme la cabeza para aislarme del cansancio. Esos últimos kilómetros son los más duros de una media maratón. Pero tengo que decir que en esta ocasión no sentí tan intenso ese vacío de energía característico y, de hecho, mis pies y articulaciones se sentían mejor que en otras ocasiones a esas alturas, por lo que podemos concluir que la pasta de frutas del kilómetro 10 cumplió bien con su cometido.

Ya solo quedaban el descenso hasta la Puerta del Sol, giro a la izquierda para el Congreso de los Diputados, Plaza de Neptuno... y enfilar para el Paseo de Recoletos. Gritos de "ya está hecho", "ya no queda nada" nos acompañaban en esos últimos esfuerzos. Mis tiempos en los kilómetros 18, 19 y 20 fueron de 5:48, 5:54 y 5:48, lejos de la chispa que debería tener para mi ambicioso objetivo, pero buenos en comparación con otras carreras de media maratón en las que he participado.

A partir del 21, tocaba enfilar esos 97 metros finales Recoletos arriba. Lo hice con mis últimas fuerzas. Sonriendo como Gebrselassie, porque si la mente se concentra en la sonrisa no lo hará en el cansancio. Llegando al arco de meta, el suelo estaba alfombrado de azul, detalle que recordaba que esa no era una media maratón más: ¡era la genuina Media de Madrid!

Entré con los brazos en alto, feliz por haberlo conseguido. Nos hicieron entrega de la bonita medalla de finisher, la bolsa del corredor del avituallamiento final, con agua, bebida isotónica, barrita energética y una rica manzana grande y amarilla. Los corredores estirábamos, nos hacíamos fotos, algunos se encontraban con sus familias... Todos como si hubiéramos ganado la prueba. Bueno, en una media maratón, terminarla siempre es ganar.

Mi tiempo final real fue de 2:02:38. Por encima de las dos horas, sí. Pero a solo 16 segundos de mi récord personal 2:02:22 en Fuencarral 2023. Y una sensible mejoría respecto al 2:08:07 de Fuencarral de este mismo año, tan solo un par de meses antes. No solo eso: hice una carrera muy sólida, con todos los ritmos por debajo de 6:00 minutos el kilómetro, y esto creo que es la primera vez que lo consigo. Pero, además, la estrategia de nutrición fue un éxito, ya que, gracias a la pasta de frutas, no tuve el clásico bajón del kilómetro 17-18. Y, por supuesto, un éxito del entrenamiento bien planificado y ejecutado con constancia.

Fue una carrera inolvidable por las sensaciones, por la cantidad de participantes, por la alegría contagiosa que nos transmitíamos entre todos, por la animación de la ciudad, por la increíble organización... Un diez, y para siempre en mi memoria.

Y, por si todo esto fuera poco, la camiseta estrenada ese mismo día cumplió a la perfección. Suave, ligera, cero roce... y, además, la más bonita de los últimos años. Ah, y los calcetines Joma también cumplieron, sin rozaduras, sin molestias, sin apreturas...

Movistar Media Maratón de Madrid 2026. La carrera en la que todo salió bien. Deseando que abran las inscripciones para 2027.

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